No todos los días estamos bien (y eso también está bien)
Hay días en los que no estamos bien… y no pasa nada.
Pero la sociedad en la que vivimos nos empuja constantemente a estar bien, a ser positivas y seguir adelante, por lo que reconocer que no nos sentimos bien emocionalmente puede resultar incómodo, incluso difícil.
En este artículo quiero hablarte de algo de lo que casi no se habla: los días en los que no estamos bien mental o emocionalmente, y la importancia de darnos permiso para ir más despacio SIN CULPA.
¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO DECIR QUE NO ESTAMOS BIEN?
Si lo piensas un momento, pareciera que estamos programadas para responder automáticamente “bien” cuando alguien nos pregunta cómo estamos.
Pero…la pregunta es ¿realmente lo estamos?
Muchas veces no se trata solo de cómo nos sentimos, sino de lo que se espera que digamos y transmitamos.
Se espera que siempre estemos bien.
Se espera que seamos fuertes, positivas, productivas, optimistas, que vayamos por la vida con toda la actitud.
Se espera que no incomodemos con nuestras emociones o con nuestros problemas.
A veces decir “no estoy bien” puede sentirse raro e incluso incómodo, tanto para ti por decirlo, como para los demás al escucharlo.
LA IMPORTANCIA DE RECONOCER CÓMO TE SIENTES
No digo que tengas que ir por la vida contando todo a todo el mundo.
Pero sí de permitirte ser honesta con esas personas cercanas, pero en especial contigo misma.
Porque algo tan simple como reconocer lo que sientes y ponerlo en palabras puede ser un gran alivio.
Y aunque no siempre va a solucionar lo que estás viviendo…sí puede ayudarte a sacarlo un poco de tu sistema.
CUANDO IGNORAMOS LO QUE SENTIMOS
Muchas veces no es que no sintamos, es que evitamos sentir.
Lo minimizamos.
Lo ignoramos.
Nos convencemos de que “no es para tanto”.
Y entonces tratamos de seguir adelante como si nada.
Pero cuando no nos damos el espacio para sentir, lo que estamos haciendo es reprimir nuestras emociones.
Y cuando eso pasa, el cuerpo termina hablando por nosotras en forma de cansancio extremo, ansiedad, saturación mental, un recurrente “simple” dolor de cabeza, o alguna enfermedad.
Si hay algo que quiero que te lleves de este artículo es esto:
A veces cuidarnos empieza simplemente por reconocer cómo nos sentimos.
¿QUÉ HACEMOS CUANDO NO QUEREMOS SENTIR?
Muchas veces nuestra respuesta automática es distraernos, enfocar nuestra atención en cualquier cosa, llámese redes sociales, trabajo en exceso, series en Netflix, una copita de vino, o cualquier cosa que nos ayude a no sentir demasiado, a anestesiarnos.
Porque sentir… a veces es incómodo.
Y aunque sabemos que tener emociones como la tristeza, el enojo o la frustración es natural y son parte de la vida, internamente seguimos diciéndonos:
“no quiero sentirme mal”
“tengo que estar bien”
“las cosas deberían de ser diferentes”...
EL PROBLEMA NO ES SENTIRTE MAL
El problema no es tener días malos.
El problema muchas veces es la presión que nos ponemos para no tenerlos.
Pero la realidad es otra porque
No todos los días vamos a estar bien
No todos los días vamos a tener claridad
No todos los días vamos a sentirnos fuertes
No todos los días vamos a tener las respuestas
Y eso también es parte de la vida y hay que hacer la paces con eso.
DARTE PERMISO PARA IR MÁS DESPACIO
Quizás hoy no necesitas arreglar todo, entender todo, tener todas las respuestas…
Tal vez hoy lo único que necesitas es ir más despacio,
tal vez lo necesario es simplemente estar en modo supervivencia, porque si, a veces toca solo estar en ese estado,
pero ante todo tratarte con más empatía y paciencia.
Permitirte sentir alegría… pero también tristeza, sentir calma… pero también cansancio
Porque las dos cosas pueden coexistir.
SI HOY NO ESTÁS BIEN
Si hoy es uno de esos días en los que no te sientes bien…
Si tu cuerpo está cansado, tu mente saturada o te sientes más sensible de lo habitual…
quiero invitarte a hacer algo muy simple: una pequeña pausa.
MEDITACIÓN GUIADA
Al final de este artículo encontrarás una meditación guiada para esos días en los que no necesitas soluciones, sino darte tiempo, espacio y un poco más de amabilidad contigo misma.
Quiero que recuerdes esto:
No estás fallando por no estar bien.
No estás retrocediendo por necesitar una pausa.
Estás siendo humana.
Y hoy también puedes darte permiso para ir más despacio.