No todo es para todos y eso también está bien

Cuando lo que se espera de ti no coincide con lo que realmente quieres

Hace tiempo que llevo reflexionando sobre esto, es una verdad que suena simple cuando lo dices en voz alta, se podría decir que también es obvia, pero que puede cambiar la perspectiva de cómo ves las cosas cuando logras comprenderla. 

No todo es para todos

Qué difícil es de pronto aceptar esto, pero también comprenderlo e integrarlo en cada situación de nuestra vida. 

Aceptarlo no significa necesariamente que te estás rindiendo.
Es liberarte.

Es poder ver y confiar en que hay otras posibilidades, nuevas oportunidades.

Seguramente te ha pasado que te sientes ansiosa, cansada y drenada… sin que aparentemente “algo esté mal” en tu vida. Cumples, funcionas, eres responsable…

Pero por dentro, sientes que algo no cuadra, algo en tu vida no hace click, algo se siente extraño, quizás ni siquiera sabes cómo explicarlo.

Y como todo parece “estar bien”, aprendes a normalizar el agotamiento. Te dices que así es la vida. Que todos están igual. Que ya se te pasará.

Pero a veces no es normal.
A veces todo eso es una señal.

Una señal de que estás funcionando…
pero no necesariamente viviendo la vida que realmente quieres vivir.

mujer reflexionando sobre su vida


Cuando por fuera todo está bien, pero por dentro algo se apaga poco a poco 

Hay una forma de desconexión que no hace ruido. La desconexión de lo que realmente quieres y lo que debes porque: 

Sigues haciendo lo que toca.
Sigues cumpliendo expectativas.
Sigues avanzando en lo que “deberías”.

Pero algo dentro de ti se va apagando, muy despacio.

Y el problema no siempre es que no puedas conectar con lo que de verdad deseas.
A veces el tema es que no quieres.
O no estás dispuesta a pagar el costo interno que eso implica.

Y es difícil porque vivimos rodeadas de caminos que ya tenemos definidos:

  • Debería gustarte esto.

  • Deberías querer aquello.

  • Deberías poder con esto, porque todo el mundo puede.

Y sin darnos cuenta, empezamos a vivir desde el “tengo que”:

Tengo que aguantar.
Tengo que adaptarme.
Tengo que encajar.

Y pocas veces nos hacemos la pregunta más importante:

¿Esto es realmente para mí… o solo es lo que se espera de mí?


La trampa del “debería”

Es curioso, pero esos “debería” casi nunca los elegimos.

Los heredamos.
Los absorbemos.
Los seguimos o repetimos sin cuestionarlos.

Y siento que muchas veces esto nos lleva a confundir

  • Una vida correcta con una vida coherente con lo que quiero.

  • Una vida aprobada por el exterior con una vida que de verdad se siente nuestra por dentro.

A veces no estamos eligiendo.
A veces solo estamos obedeciendo.

Y lo hacemos tan bien, tan en automático, que dejamos de escucharnos.

Y aquí está la clave: escucharte.

Porque algo que funciona para los demás no significa que te funcione a ti o que sea para ti.
Y forzarte a encajar en un sistema que no te sostiene termina alejándote de ti misma.

Aceptar que algo no es para ti no es fracasar.
Es reconocer tu propia verdad y tu propio sentir.


Cuando decidir incomoda (por dentro y por fuera)

Hay decisiones que hacen todo esto aún más evidente.
Decisiones que no solo te incomodan a ti a nivel interno, sino también al exterior.

Cuando eliges algo que va en contra de lo que se espera de otros o de ti misma como elegir continuar en esa relación o no, casarte o no, ser madre o no, dedicarte a cierta profesión o a otra, entre muchas otras cosas, entonces aparece el ruido externo:

Las preguntas.
Las miradas.
Los silencios incómodos.

Y también aparece la duda interna, que en ocasiones es la que más pesa:

  • ¿Me estaré equivocando?

  • ¿Estoy siendo egoísta?

  • ¿Un día me voy a arrepentir?

Escucharte no siempre es bonito.
No siempre es romántico.
No siempre viene con respuestas obvias o certezas claras.

Es un proceso incómodo. Lento. A veces con miedo y otras con soledad.

Pero cuando una decisión es coherente contigo, incluso en medio de las dudas y el caos, hay algo que se siente distinto: paz.

Y esa paz no siempre encaja en el molde.
No siempre cumple expectativas.
A veces decepciona a otros.

Pero quedarte donde sabes que no es…
tarde o temprano pasa factura.

mujer reflexionando sobre decisiones



Una pregunta para empezar a reflexionar.

Quiero hacerte una pregunta clave:

¿Qué haces cuando lo que se espera de ti no coincide con lo que realmente sientes?

Porque si lo ves desde otra perspectiva…

¿Cuántas veces te ignoras?
¿Cuántas veces escuchas más el ruido externo que tu voz interna?
¿Cuántas veces sostienes algo solo porque “así debería ser”?

Aceptar que no todo es para todos no significa que fallaste.

Muchas veces significa todo lo contrario.

Significa que estás empezando a escucharte.
Que estás empezando a honrarte.
Que estás empezando a vivir desde un lugar más honesto.

Y eso también es un acto de amor propio.


Vayamos un poco más profundo.

Quiero que lleves esto a tu propia vida.

A ese lugar donde te sientes desconectada, cansada o drenada.

Puede ser:

  • Una relación

  • Un trabajo

  • Un proyecto

  • Un hábito

  • Un entorno

Y pregúntate con honestidad:

¿Qué es lo que realmente hace que me quede aquí?

¿Miedo?
¿Costumbre?
¿Presión social?
¿Inseguridad?

Después, guarda silencio.

¿Qué te dice tu interior?

Escucharte no siempre implica irte.
A veces solo implica dejar de mentirte.

A veces el primer paso no es cambiar nada afuera.
Es empezar a vivir desde nuestra parte interna, desde la honestidad.

Y eso, aunque todavía no lo veas, ya es un acto enorme de valentía.

mujer reflexionando escuchando su interior




La urgencia de tener todas las respuestas

No pasa nada si no tienes respuestas inmediatas.
Cada proceso tiene su ritmo.
Cada contexto es distinto.

Lo importante no es correr.
Lo importante es no seguir quedándote donde sabes que no es… si así tu lo decides.

La vida es demasiado corta para vivirla desde el “debería”.

Quiero que te quedes con esta frase como recordatorio:

Si ese no es el camino, entonces debe de haber otros que me lleven al mismo destino.

Porque no todo es para todos.
Y cuando empiezas a aceptarlo, empiezas también a vivir en coherencia contigo.

Y esa coherencia a la larga te da libertad.

Gracias por estar aquí y dejarme acompañarte.
Gracias por regalarte estos minutos.

Nos leemos pronto.

-Ailed

Anterior
Anterior

Cuando una ruptura amorosa cambia todo: Cómo empezar a reconstruirte

Siguiente
Siguiente

Cuando necesitas parar y no sabes muy bien por qué