10 lecciones de vida que aprendí antes de cumplir 46 (sobre decisiones, amor propio y crecimiento personal)
Hace unos días cumplí 46 años.
Y no sé si a ti te pasa…
pero a mí los cumpleaños, especialmente los últimos, me han llevado mucho a reflexionar.
A mirar hacia atrás.
A pensar en las decisiones que he tomado.
En las etapas que he vivido.
En las personas que han pasado por mi vida.
En los errores que he cometido.
Y también en todo lo que he ido aprendiendo con el tiempo.
Porque si algo me queda claro es que muchas de las lecciones más importantes de la vida no llegan cuando todo está bien.
Muchas veces aprendemos cuando algo no funciona en cualquier área de nuestra vida.
Cuando una relación se termina.
Cuando nos damos cuenta de que llevamos demasiado tiempo en un lugar que ya no nos hace bien o que ya no está alineado con quienes somos ahora.
Cuando repetimos el mismo patrón una y otra vez.
A veces pasa mucho tiempo antes de entender lo que estaba pasando.
Y otras veces, la verdad, la claridad nunca llega del todo.
Pero aun así, algo aprendemos.
Hoy quiero compartir contigo 10 lecciones de vida que he aprendido antes de cumplir 46 años.
No te las comparto porque tenga la vida resuelta.
Ni porque crea que tengo todas las respuestas.
Te las comparto simplemente como reflexiones.
Quizás algunas tengan sentido para ti.
Quizás otras no.
Y también está bien.
Así que empecemos.
1. Nadie va a venir a rescatarte
Creo que muchas personas, en algún momento de la vida, hemos tenido la esperanza de que algo o alguien llegue y cambie nuestra situación.
Tal vez has pensado cosas como:
Cuando llegue la pareja correcta mi vida emocional se va a arreglar.
Cuando llegue esa oportunidad todo va a cambiar.
Cuando por fin tenga ese puesto que tanto quiero voy a sentirme realizada.
Esperamos que algo externo nos rescate.
Pero hay una verdad un poco incómoda que en algún momento entendí y es justo eso:
Nadie va a venir a rescatarte.
Nadie va a sacarte de un trabajo que no te gusta.
Nadie va a sacarte de una relación que sabes que no te hace bien.
Nadie va a construir la vida que tú quieres vivir.
Y aunque al principio puede sentirse duro, también es algo muy liberador.
Porque cuando lo comprendes de verdad y lo integras a tu vida, dejas de esperar…
y empiezas a responsabilizarte de tu propia vida.
Esto me lleva al siguiente punto.
2. La libertad empieza con la autorresponsabilidad
Este fue uno de los aprendizajes que la vida me enseñó a la mala.
Es muy fácil creer que lo que nos pasa es culpa de las circunstancias, de otras personas o de la mala suerte.
Y claro, muchas veces las circunstancias influyen.
Pero con el tiempo empiezas a darte cuenta de algo más profundo:
Muchas de las situaciones que vivimos también tienen que ver con las decisiones que tomamos constantemente.
Las personas que dejamos entrar en nuestra vida
Las veces que no ponemos límites
Las veces que aceptamos cosas que en el fondo sabemos que no nos hacen bien
No se trata de que te eches la culpa de todo.
Se trata de algo mucho más poderoso: responsabilidad personal.
Se trata de poder ver la parte de responsabilidad que a ti te corresponde dentro de una situación.
Se trata de aprender a distinguir lo que está en tus manos de lo que no.
Porque cuando reconoces lo que sí está en tus manos, recuperas algo muy valioso: tu libertad y tu propio poder.
3. La vida que quieres se construye con pequeñas decisiones
Durante mucho tiempo pensé que necesitaba una gran decisión para ver grandes cambios en mi vida.
Pero con el tiempo entendí algo:
La vida que queremos está formada por muchas pequeñas decisiones repetidas a lo largo del tiempo.
Con quién eliges pasar tu tiempo
Qué hábitos decides mantener
Qué cosas ya no estás dispuesta a tolerar
Qué cambios decides hacer
No es una sola vez que eliges equivocadamente a una pareja.
Son muchas pequeñas decisiones donde ignoras señales.
No es un día que descuidas tu bienestar.
Es cuando constantemente te pones al final de tu lista de prioridades.
Las pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo pueden cambiar completamente el rumbo de tu vida.
4. No todo es para todos
Este aprendizaje me trajo mucha paz.
Porque muchas veces queremos cosas simplemente porque parece que todo el mundo las quiere.
Porque es lo “normal”.
o porque es lo que se espera de nosotras.
Casarse.
Tener hijos.
Seguir cierto camino profesional.
Vivir un determinado estilo de vida.
Hasta que llegó el momento en el que me hice una pregunta muy simple:
¿Qué es lo que YO realmente quiero?
Y entendí algo importante:
No todo es para todos.
Hay personas que encuentran felicidad en el matrimonio.
Otras en una vida más independiente.
Hay quienes ven su vida con hijos.
Y otras que quieren un camino o un estilo de vida diferente.
Que algo no sea para ti no significa que estés equivocada.
Simplemente significa que tu camino es otro.
5. Cada vez que dices sí a algo que no quieres, te dices no a ti misma
Aprender a decir no ha sido una de las habilidades más difíciles para mí.
Porque muchas veces decir no implica incomodar, decepcionar, o tener la sensación de que quedas mal con alguien.
Y con tal de evitar esa incomodidad, terminamos diciendo sí.
Sí a planes que no queremos.
Sí a dinámicas que no nos hacen bien.
Sí a relaciones que restan más de lo que suman en nuestra vida.
Preferimos no enfrentar la incomodidad o quizás ese miedo que nos genera el decir no.
Lo cierto es que es a la otra persona a quien le corresponde gestionar su propia decepción y su propia incomodidad, no a ti.
Pero hay una pregunta que a mí me ayuda mucho en este tipo de circunstancias:
¿A qué le estás diciendo no cuando le dices sí a algo que no quieres o que sabes que no te hace bien?
Porque cada vez que dices sí a algo que no te hace bien:
Le dices no a tu paz.
No a tu energía.
No a tu bienestar.
Y muchas veces también a ti misma.
6. Elegir pareja es una de las decisiones más importantes de tu vida
Suena obvio, pero durante mucho tiempo pensé que elegir pareja era solo una decisión emocional.
Que bastaba con que hubiera química.
Pero con el tiempo entendí que hay otros factores que son igual o más importantes:
Paz mental.
Estabilidad emocional.
Valores compartidos.
Crecimiento personal.
Hay relaciones que te expanden.
Y hay relaciones que te drenan.
Que exprimen tu energía.
Que sacan lo peor de ti.
Con el tiempo entendí que elegir pareja (especialmente cuando quieres algo estable y alguien que forme parte de tu vida) es algo que hay que aprender. Es algo que hay que trabajar.
También entendí algo clave:
Elegir no es lo mismo que necesitar.
Cuando eliges desde la necesidad —por miedo a la soledad o para llenar un vacío— muchas veces terminas aceptando cosas que no deberías aceptar.
Entendí que la persona que eliges es el reflejo, o el equivalente, de la relación que tienes contigo misma.
Hasta que no eres consciente de la relación que tienes contigo misma, de la forma en la que te tratas, de la forma en que te hablas, de la forma en la que te cuidas, de la forma en cómo te ves a ti misma, muchas veces no podrás distinguir o no podrás ver con claridad cómo lo hacen los demás.
Porque es algo a lo que tú y tu mente ya están acostumbrados.
Digamos que es lo familiar.
Y aquí te dejo con una pregunta que hace mucho una terapeuta me hizo, para tener un punto de partida al respecto:
En este momento de tu vida, ¿te elegirías a ti misma como pareja? ¿O te elegirías a ti misma como amiga?
7. No puedes saltarte el proceso
Vivimos en una época que desde mi punto de vista nos ha vuelto personas más impacientes.
Queremos:
Cambios rápidos.
Resultados rápidos.
Encontrar a la persona correcta rápido.
Éxito rápido.
Pero olvidamos que hay procesos que no se pueden saltar o acelerar.
Conocerte.
Sanar.
Superar algo. Aprender y dominar algo
Cambiar patrones que no te benefician por otros que sí lo hagan.
Todo eso lleva tiempo.
Lleva su propio proceso.
Y muchas veces incluye momentos incómodos, caóticos o confusos.
Pero esos momentos también forman parte de tu propio crecimiento.
De avanzar y de encontrarte en un lugar diferente al que te encuentras ahora.
8. A veces la respuesta está en volver a lo básico
Muchas veces creemos que necesitamos algo complejo para mejorar nuestra vida.
Un método nuevo.
Una estrategia nueva.
Un cambio radical.
Pero muchas veces la respuesta está en lo simple:
Dormir mejor.
Mover tu cuerpo.
Comer mejor.
Ordenar tu vida.
Crear hábitos básicos. Conectar contigo, con la naturaleza.
Atrévete a ver lo que no está funcionando en tu vida.
Atreverte a ver hacia dentro en lugar del exterior.
Lo simple, cuando se hace de forma consistente, puede tener más impacto en nuestra vida de lo que imaginamos.
9. Elegir algo implica renunciar a algo más
Cada decisión que tomamos también implica una renuncia.
Nos gusta pensar que podemos elegir un camino…
sin renunciar a nada más o sin pagar el precio que esa elección conlleva.
Elegir un camino, una relación, un estilo de vida determinados significa dejar otras posibilidades a un lado.
Y no significa que estés perdiendo algo.
Significa simplemente que estás priorizando.
Porque la vida también se trata de eso.
De elegir constante y conscientemente nuestras propias prioridades.
Y cuando comprendes e integras esto…
dejas de preguntarte solo:
¿Quiero esto o no?
Y vas más allá, empiezas a preguntarte algo más profundo:
¿Esto que estoy eligiendo vale realmente lo que estoy dejando atrás?
10. Tú eres el proyecto más importante de tu vida
Muchas veces invertimos demasiada energía en otras personas.
En relaciones.
En expectativas familiares.
En demostrar nuestro valor. En conseguir cosas materiales.
Y en todo ese proceso muchas veces nos olvidamos de nosotras mismas.
Pero hay algo que con el tiempo vi con más claridad:
La relación más larga que vas a tener en tu vida es contigo misma.
No con una pareja.
No con un trabajo.
No con tus amistades.
Contigo.
Por eso invertir en ti, en tu bienestar y en tu crecimientono es egoísmo.
Es responsabilidad.
Porque cuando estás bien contigo misma, todo lo demás en tu vida empieza a cambiar, las piezas se acomodan poco a poco.
Y no es que está mal dedicar tiempo y energía en construir
una relación.
una familia.
una carrera.
la vida que quieres vivir.
Solo es recordar construir también la relación contigo misma porque es la base de todo lo demás.
Si algo he aprendido en estos 46 años es que la vida no se trata de hacerlo todo “perfecto”.
Se trata de ir entendiendo poco a poco:
quién eres
qué quieres
qué cosas ya no estás dispuesta a aceptar
Que todas estamos aprendiendo.
Y que todas estamos intentando hacer lo mejor que podemos con lo que sabemos en cada momento.
Gracias por dejarme acompañarte.
Nos leemos en el próximo blog.